Voces de Chernobil

“Voces de Chernóbil” es un libro escrito por Svetlana Aleksiévich, que narra distintas situaciones que se produjeron antes, durante y después del desastre en el reactor nuclear ruso. Esta periodista bielorrusa, fue condecorada en 2015 con el Premio Nobel de Literatura por sus aportes al genero, con destacadas obras como “La guerra no tiene rostro de mujer”, “Últimos testigos” o, el ya mencionado, “Voces de Chernóbil”.

Durante su carrera, Svetlana se ha dedicado a cubrir, desde distintos puntos de vista, las tragedias y el sufrimiento humano producido por la guerra o por los desastres, pero siempre abordando el tema desde una perspectiva feminista, característica que la ha echo destacar dentro de la literatura mundial.

Voces de Chernóbil, nos presenta la historia de Liudmila Ignatenko, una joven habitante de la ciudad rusa casada con un bombero. Tras la explosión del reactor nuclear, su marido Vasili, debe acudir a apagar el incendio, pero debido a la magnitud de este y a la radiación, debe ser llevado a la clínica de Chernóbil para luego ser trasladado a Moscú.

Una vez allí, el bombero pasa cerca de dos semanas postrado en la cama siendo atendido por los médicos y acompañado en todo momento por su esposa. Pero, finalmente, fallece a causa de la radiación.

Esta historia, se nos cuenta a través del relato de Liudmila, sin mayores intervenciones entre paréntesis para describirnos cómo lo narra o si esta se detiene. “[Pasa a hablar en susurros]” o “[Calla largo rato]” son algunas de las pocas veces que se nos recuerda que esta narración ha pasado por el lápiz de Svetlana, pero realmente esta no ha alterado el relato en lo más mínimo.

Además de las intervenciones de la autora, el uso de los puntos suspensivos, nos da una sensación de la dificultad que tiene esta joven rusa para poder mantener las ideas en una sola línea, además de el conflicto interno que tiene con la historia, principalmente, por el dolor que le produce traer al presente estos recuerdos atormentados y tristes.

Incluso, en ciertas situaciones, el hilo de la narración se pierde, ya que la periodista tan solo transcribe, palabra por palabra, lo que su entrevistada nos está narrando. Es por esto, que no es de extrañarse que cada cierta cantidad de párrafos nos encontremos con “[de manera inconexa]” o “[calla largo rato]” para luego proseguir con una idea radicalmente distinta.

Este estilo de narración, sin la intervención de un narrador o sin el sello propio de un escritor, nos permite involucrarnos más en el relato, sufriendo, gozando y vibrando más plenamente, sintiendo así que esto nos esta siendo contado directamente a nosotros, como si un amigo nos contara una historia.

Liudmila, nos narra, lo que según ella es una historia de amor. Una historia de amor infinitamente triste, pero vivida de una forma particular y con un relato casi mágico que nos permite sentir lo que ella sintió. Su desesperación, sufrimiento, y tristeza, se ven reflejado en cada palabra que sale de su boca, pero también en las pecosas acotaciones de Svetlana, que nos señala que esta se ha detenido, resaltando así el suspenso y la intensidad que no puede ser reflejada con un punto aparte o una coma, sino que con una descripción pequeña pero infinitamente más potente.

En este relato, Svetlana es solo un instrumento, un canal o un megáfono para así transmitir el mensaje de sufrimiento y de amor, de esta joven rusa. Además de los sentimientos, se nos presenta de manera cruda por lo que atravesó, años después del desastre, toda una ciudad, mutilada, enferma y agonizante, que se descascara -literalmente- y que se muere día a día aislados del resto de la sociedad.

También se nos muestra una imagen de la sociedad rusa, en donde los involucrados y sus familiares no saben que hacer, pero por otro lado, las fuerzas armadas, científicos, médicos y enfermeras, asustados de los posibles resultados de la radiación intentan evitarlos, los engañan y les arrancan.

La periodista bielorrusa, pertenece claramente al Nuevo Periodismo, ya que teniendo la opción de mostrarnos una noticia común y corriente, o un reportaje duro de la catástrofe, decide entregarnos el relato tal cual es, con sus inconexiones, pausas, suspiros y llantos, para darnos así un vinculo particular con quien lo relata y ser solo un instrumento del mensaje.

En conclusión, Svetlana Aleksiévich es solamente la incitadora de este relato, siendo un megáfono para el mundo de la historia de Liudmila que nos muestra la vida de los afectados por el desastre en el reactor nuclear de Chernóbil.

 

 

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